En un país que arrastra una herida abierta de más de 135,000 personas desaparecidas, el horror ha encontrado un método de manufactura casi industrial. Una investigación especial del diario Milenio ha sacado a la luz el testimonio de un sicario del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), quien detalló con frialdad matemática el engranaje detrás de los secuestros, ejecuciones y la posterior ocultación de cuerpos en la entidad; una realidad que consolida una de las crisis humanitarias más profundas de América Latina.
El ejecutor, un hombre de 30 años que opera en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco, reveló un cambio de estrategia en la logística del terror: las fosas clandestinas ya no se limitan a terrenos baldíos o cerros de difícil acceso. Ahora se construyen en los patios de viviendas particulares, zonas residenciales que se convierten en cementerios privados bajo el alias de “albercas”.
“Nosotros les llamamos albercas. Las mandamos a hacer cuando tenemos varios cuerpos ya destazados. El tamaño del hoyo depende de para cuántos sea. Los avientas, los tapas y ámonos”, relató el infractor, quien inició su trayectoria criminal a los 19 años reclutado por un familiar. Tras una década en las filas de la organización, estima haber asesinado a más de 100 personas.
El proceso de “compactación”
El testimonio describe un protocolo sistemático para evitar que las víctimas dejen rastro alguno. El proceso inicia con el secuestro violento en los domicilios de los objetivos para trasladarlos a las denominadas “casas de seguridad”. Una vez que se recibe la orden de ejecución, se procede a lo que en el argot criminal denominan “destazar y compactar” con el fin de reducir el volumen del cuerpo al mínimo.
Para agilizar el proceso y mitigar la escena, el sicario detalló que colocan a las víctimas -atadas de extremidades- en el área de las regaderas de los inmuebles, utilizando el flujo de agua constante para limpiar la sangre de manera inmediata. Posteriormente, realizan cortes anatómicos específicos comenzando por la cabeza, seguidos de hombros, pies y rodillas, facilitando así su traslado a las fosas domésticas.
Deshumanización y relevos en el mando
El relato expone también la profunda desconexión empática de los operadores del narcotráfico. El sicario admitió que el remordimiento inicial desapareció con la rutina, justificando sus actos como mero cumplimiento de instrucciones laborales. “A veces es tu desestrés matar a alguien”, declaró.
A nivel de estructura interna, el testimonio coincide con un periodo de reajustes para el CJNG tras la muerte de su líder fundador, Nemesio Oseguera Cervantes, alias ‘El Mencho’, abatido en un operativo militar a inicios de año. Lejos de mermar las aspiraciones de los mandos medios, perfiles como el del entrevistado confiesan su intención de escalar en la jerarquía, perpetuando un ciclo de violencia que mantiene a miles de familias mexicanas en una búsqueda incansable de justicia.








