Por Antulio Ficachi

Cuenta la leyenda que en política no hay sorpresas, sino sorprendidos… o muy mañosos. La caída -por fin- del exgobernador guerrerense Ángel Aguirre por el caso Ayotzinapa viene a confirmar que la justicia en México no camina: gatea, se tropieza y luego rueda cuesta abajo.

Dicen que el hombre fue detenido no porque la FGR tuviera una repentina epifanía, sino porque de plano ya resultaba impresentable el ocultamiento de evidencias. Lo cómico -por no llorar- es que horas después de anunciarse el “golpe de timón”, don Ángel ni siquiera aparecía en el Registro Nacional de Detenciones. 

¿Se les traspapeló en el camino o lo tienen cenando en un privado para no incomodar las formas? 

Misterios del México mágico donde la captura existe en el boletín, pero no en el sistema; eso sí, ya duerme en el reclusorio del Altiplano.

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A propósito de tragos amargos, ni el fervor futbolero ni la bendita Copa Mundial lograron maquillar la triste realidad del turismo de altura. La Secretaría de Gobernación reporta que en el primer semestre los turistas extranjeros que llegan por avión cayeron 2.2%, y nomás en junio la estocada fue del 3.7%.

La explicación es tan llana como el bolsillo de la clase media: la espantada de los vecinos del norte (un -8.6% de gringos en junio) no la compensa ni la entusiasta ola amarilla de colombianos que llenaron los vuelos hacia el AIFA para ver a su selección. Nos salvó la cumbia, sí, pero Cancún, Los Cabos y Puerto Vallarta extrañan los dólares verdes. 

Al parecer, la estrategia de promoción turística nacional sigue siendo encomendarse a San Judas Tadeo y esperar que el dólar cotice bonito.

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Del otro lado del Golfo, en tierras jarochas, la gobernadora Rocío Nahle salió rauda y veloz al aire a jurar por la memoria del general Cárdenas que ¡no hay tal recorte! de 7 mil millones de pesos para Veracruz, sino apenas un “ajustito temporal” de mil 500 millones cortesía de la SHCP por culpa del petróleo.

Que no cunda el pánico, dice la mandataria: en noviembre Hacienda nos devuelve el cambio. La fe mueve montañas, aunque en la UPAV (Universidad Popular Autónoma de Veracruz) lo único que se mueve son las pancartas de los maestros. Mientras doña Rocío presume el respaldo federal y “reservas estratégicas”, en las avenidas de Xalapa los docentes quemaban suela recordando que llevan hasta 8 meses sin cobrar.

Por si fuera poco, a los maestros les aplicaron la clásica operación tijera: reducirles la hora de clase de 70 a 50 pesos y, de paso, un tierno “o firmas el nuevo contrato leonino o no te pago lo que te debo”. 

Vaya manera de socializar la austeridad. En Veracruz el dinero sobra en las conferencias marmolescas, pero a la hora de pagar la nómina universitaria, los cheques salen con el sello de “vuelva usted mañana”.

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Y para cerrar con broche de oro este banquete de la ética republicana, en el Congreso de Veracruz floreció otro retoño del árbol de los “moches”. Un exasistente de la diputada morenista Dorheny García Cayetano ventiló en redes que le “rasuraban” sabroso el cheque: de los poco más de 20 mil que cobraba libres, tenía que entregar 14 mil 700 pesos a la privada de la legisladora.

El argumento para el desmoche era puro altruismo: “es para pagarle por fuera a la tropa que no tiene plaza”. Claro, la generosidad siempre es más sabrosa cuando se financia con el sueldo ajeno. 

El muchacho renunció argumentando que no quería sentirse “cómplice de corrupción”… aunque, eso sí, esperó a que le quisieran cobrar 80 mil pesos por una cámara perdida para que le brotara la conciencia cívica.

Moraleja jarocha: En la política moderna, la austeridad no se crea ni se destruye, sólo se le quita al de abajo para pagar el “pico” del de arriba. 

¡Cosas de la Cuarta!

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