Hay políticos que responden a una reforma constitucional con argumentos. Otros prefieren anestesiarla con frases hechas. Rocío Nahle eligió el segundo camino.
Tras la aprobación de la reforma sobre la revocación de mandato en el Congreso de Veracruz, la gobernadora decidió encapsular el tema en la categoría de la “politiquería”, ese cajón donde suele guardarse todo aquello que resulta incómodo. La fórmula, que no es nueva, es que lo importante es “trabajar”; lo demás son “grillas”.
En una de esas entrevistas complacientes que ya forman parte del paisaje cotidiano del gobierno estatal, Nahle construye una frontera donde de un lado está el trabajo; del otro, la democracia cuando no conviene.
Paradójicamente, dice respetar la ley mientras reduce el principal instrumento de control ciudadano sobre un gobernador. La revocación de mandato deja de ser un mecanismo constitucional para convertirse, según su discurso, en una molestia administrativa que interrumpe su agenda de gobierno.
“Está bien, el Congreso hace una modificación, determina algo, la ley, está bien, la ley se respeta, yo soy una demócrata y la ley se respeta, lo demás, no me quita el sueño…”, expresó.
Entre más insiste en que “no le quita el sueño”, más evidente resulta que sintió la necesidad de explicarlo. Las cosas de la vida que se repiten tanto reflejan que no convencen ni a uno mismo.
Si Rocío Nahle hubiera querido demostrar que es una demócrata, no terminaría por minimizar el mecanismo que permite a los ciudadanos evaluar democráticamente a quien gobierna.
Nahle recuerda que ganó la elección de 2024 y que gobernará hasta 2030. El mensaje impositivo es que el voto popular funciona como una garantía extendida: una vez expedida en las urnas, no admite revisiones antes de su fecha de vencimiento.
También insiste en que está “ocupadísima trabajando” y que no se distraerá con “politiquería, con grillas, con cambios… no me quita el sueño, tengo mucho trabajo, en verdad, en todos sentidos”.
La vieja receta política dicta que cuando se cuestionan los contrapesos institucionales, se responde con la agenda llena. Como si las horas de oficina sustituyeran la rendición de cuentas. Para Nahle cuando el Legislativo legisla; el Ejecutivo bosteza.
Quizá la revocación de mandato no le quite el sueño a la gobernadora. Lo preocupante es que algún día tampoco le quite el sueño a los ciudadanos de Veracruz porque la soberbia pulveriza.








