El jefe del Mando Central de Estados Unidos, el almirante Bradley Cooper, presentó al presidente Donald Trump una serie de escenarios militares orientados a ejecutar un ataque final contra objetivos en Irán. De acuerdo con reportes difundidos por Fox News, los planes contemplan operaciones breves pero de alta intensidad.
Desde Teherán, la respuesta fue inmediata. El comandante de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, Majid Mousavi, advirtió que cualquier ofensiva será contestada con acciones militares “prolongadas y contundentes”, incluyendo posibles ataques contra activos navales estadounidenses en la región.
Autoridades iraníes reiteraron además su postura estratégica sobre el control del estrecho de Ormuz, subrayando que no cederán su dominio en esa zona clave para el tránsito energético global. En ese tono, el asesor militar Mohsén Rezai, cercano al líder supremo Mojtabá Jameneí, afirmó que un eventual conflicto podría revertirse en contra de Washington en el golfo Pérsico y el mar de Omán.
En paralelo, Estados Unidos reforzó su apoyo militar a Israel con el envío de 6 mil 500 toneladas adicionales de armamento y suministros, en el marco de la operación denominada “León Rugiente”, activa desde finales de febrero. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, dejó abierta la posibilidad de nuevas incursiones militares en territorio iraní si lo considera necesario para cumplir los objetivos estratégicos.
En el frente diplomático, Irán remitió su respuesta a las recientes modificaciones propuestas por Washington en el borrador de acuerdo para detener las hostilidades. El intercambio, según el periodista Barak Ravid, se realizó mediante intermediación de Pakistán, lo que mantiene abiertas, aunque tensas, las vías de negociación.








