Los médicos rehabilitadores advierten de que la mochila de los escolares no debe ser una taquilla portátil, sino que debe incluir los materiales específicos que necesiten según la jornada, de hecho, de nada sirve que sea ergonómica y la adecuada para su espalda si la llevan llena de cosas, porque puede ser perjudicial.
En esta semana los escolares han vuelto a las aulas después de las vacaciones de verano con sus mochilas a la espalda, por eso hay que vigilar que no las llenen a rebosar si no es necesario.
La prevención comienza antes de salir de casa
Desde la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (Sermef) inciden en que no basta con comprar una mochila ergonómica al comienzo del curso y olvidarse de ella hasta junio.
“La prevención comienza antes de salir de casa», afirma la presidenta de Sermef, Helena Bascuñana, quien apunta que preparar la mochila debe formar parte de la rutina diaria. Para ello, hay que vaciarla, consultar las asignaturas previstas para ese día e introducir solo lo necesario.
Esta revisión, señala la experta, permite quitar objetos que se acumulan durante la semana y aumentan progresivamente la carga de la mochila, perjudicando a la espalda.
«Una mochila adecuada puede terminar siendo perjudicial si se llena con materiales que no vaya a utilizar, si el contenido se mueve en su interior o si se lleva colgada de un solo hombro”, afirma Bascuñana.
Y es que llevarla a modo bandolera o con un solo tirante obliga al cuerpo a compensar la carga.
Así las cosas, la Sermef señala que la mochila no debe convertirse en «una taquilla portátil».
¿Cuánto debe pesar?
El peso de la mochila con todo el material que se necesite trasnportar como el estuche, los libros cuadernos y la botella de agua, debería mantenerse por debajo del 10 % del peso corporal del escolar, siempre que sea posible.
El 15 % es el límite que no debería superarse.
Los objetos que pesen más deben colocarse cerca de la espalda y estar estables.
La Sermef añade que los compartimentos ayudan a organizar el contenido y a repartir la carga.
Hay que tener en cuenta también que la mochila debe ser proporcional al tamaño del menor y no ser más grande que su torso.
“También debe contar con dos tirantes anchos, acolchados y regulables, que tienen que utilizarse siempre a la vez. La mochila debe quedar próxima al cuerpo y puede incorporar un cinturón lumbar y una correa de pecho para distribuir mejor el peso y reducir el balanceo”, añade.
¿Y de ruedas?
Y no es lo mismo llevar la mochila durante unos minutos porque el trayecto hasta el cole sea corto, que hacerlo durante más tiempo, y en este último caso las mochilas con ruedas pueden resultar prácticas para trayectos llanos.
Sin embargo, si hay que bajar o subir escaleras, bordillos u otros desniveles obliga al escolar a levantarla en la mayoría de los casos con una sola mano, lo que genera una carga asimétrica y puede producir sobrecarga en la espalda, el hombro, el brazo o la muñeca.
La colaboración de los centros
Pero, a juicio de la Sermef, reducir el peso de la mochila no depende solo del niño y de su familia, sino también del centro educativo, que puede contribuir a la buena salud de la espalda de los escolares con una mejor coordinación del material solicitado, el uso razonable de los recursos digitales y la disponibilidad de espacios donde dejar los libros.
No hay que olvidar tampoco que cuidar la salud musculoesquelética de los escolares durante el curso no se limita a la mochila.
La actividad física, el descanso y la reducción del tiempo sedentario son también importantes.
«La OMS recomienda que los niños y adolescentes de 5 a 17 años realicen una media de al menos 60 minutos diarios de actividad física e incorporen actividades que fortalezcan músculos y huesos al menos tres días por semana”, añade la presidenta de la Sermef.
Además, es recomendable que vayan caminando al colegio siempre que sea posible, que suban escaleras, y que jueguen y practiquen deporte, porque ayuda desarrollar la musculatura y combatir el sedentarismo.
El 90 % de las escoliosis graves afectan a las niñas
Por otra parte, la Fundación Gaspar Casal y la compañía especializada en la salud de la mujer Organon han presentado esta semana el Mapa de Salud con Perspectiva, que pone de manifiesto que el 90 % de las formas graves de escoliosis aparecen exclusivamente en niñas en edad escolar, que presentan una tasa de ingreso por deformidades en la columna hasta 2,6 veces superior a la de los niños.
El documento constata cómo la escoliosis idiopática del adolescente, la causa más frecuente de deformidad de columna en esta franja de edad, afecta de forma desproporcionada a las niñas.
Esta deformidad suele aparecer a partir de los 10 años, coincidiendo con el crecimiento puberal; pero mientras los casos leves afectan de forma similar a ambos sexos, las formas más graves son mucho más frecuentes en ellas.
La causa todavía se desconoce y, además, suele avanzar de forma silenciosa, sin dolor ni señales claras, por lo que a menudo se detecta cuando la curvatura ya es importante.
Más allá de la escoliosis, algunos hábitos del entorno escolar pueden afectar a la salud de la espalda durante la infancia y la adolescencia, por ejemplo, pasar muchas horas sentado en la misma postura, usar un mobiliario poco adecuado o precisamente llevar una mochila demasiado pesada puede favorecer la aparición de molestias.








