• De acuerdo con Laurent Pujo-Menjouet, toda relación tiene un umbral crítico por debajo del cual la está condenada al fracaso; el investigador identifica tres ingredientes principales de los que depende ese límite

Es difícil imaginar dos cosas más opuestas que el romance y las matemáticas; sin embargo, conforme pasa el tiempo en una relación de pareja y la cotidianidad y sus problemas van entrando al juego, la pasión inicial se va eclipsando y la relación se complica.

Cuando eso sucede, y nos encontramos repitiendo lo que no nos gustaba de las relaciones de nuestros padres o preguntándonos por qué tratar de hacer lo contrario que ellos tampoco funciona, algunos deseamos que hubiera forma de encontrar soluciones o, al menos, de entender lo que nos está pasando.

Desde hace algunas décadas, investigadores de distintas disciplinas han ido encontrando que las relaciones de pareja siguen patrones predecibles y que las matemáticas pueden ayudar a las parejas a identificar señales de alerta.

El más reciente de estos esfuerzos es el de Laurent Pujo-Menjouet, de la Universidad Claude Bernard de Lyon 1, quien publicó recientemente el libro “¡Amor! ¡Valor! ¡Ecuaciones! Matemáticas de la pareja”, donde además incluye elementos de literatura, psicología, cine y vida cotidiana.

Presas, depredadores, caos y parejas 

Históricamente, el desarrollo de las ecuaciones de las relaciones de pareja –no las del amor como tal, que no parece ser matematizable– parten de los modelos matemáticos que desarrollaron los ecólogos para entender las relaciones entre los depredadores y sus presas.

Y antes de dar una impresión errónea, no se trata de que uno los integrantes de una pareja sea la presa el otro el depredador, sino de que hay ciertas dinámicas en las que si se sobrepasa un determinado umbral sobreviene la extinción de una población, en los casos ecológicos, o el rompimiento en el caso de las parejas (de hecho, esos modelos son el origen de la teoría del caos).

En esa línea han trabajado, por ejemplo, el psicólogo John Gottman, el economista José Manuel Rey, el físico Sergio Rinaldi y el matemático Steven Strogatz. Pujo-Menjouet desarrolló un modelo que considera las perturbaciones típicas de las parejas, como discusiones, estrés y presiones externas, y cómo las parejas se recuperan de las inevitables crisis.

“La pregunta importante no es si las parejas discuten —afirma Pujo-Menjouet en un comunicado de la editorial Taylor & Francis Group —. Es si tienen la suficiente resiliencia para volver al equilibrio después”.

Los tres ingredientes principales

Este modelo matemático, que se basa en la idea de que toda relación tiene un umbral crítico o un nivel mínimo de fortaleza relacional por debajo del cual la relación está matemáticamente condenada al fracaso, identifica tres ingredientes que determinan en gran medida la estabilidad a largo plazo de una pareja: 

La atracción mutua,

el desgaste natural de los sentimientos con el tiempo,

y la forma en que cada persona reacciona a las emociones de la otra.

“Si los sentimientos caen por debajo de este umbral y se mantienen ahí, las matemáticas predicen un declive inevitable hacia la separación”, afirma Pujo-Menjouet. “Sin embargo, comprender este umbral les brinda a las parejas una herramienta poderosa: pueden reconocer las zonas de peligro y tomar medidas correctivas”.

Pujo-Menjouet compara esta idea con el cuento de Los Tres Cerditos: “La vida siempre nos presenta sus desafíos: estrés, enfermedad, trabajo, hijos, dificultades económicas. Las matemáticas nos ayudan a comprender cómo construir una casa sólida en lugar de una frágil”.

Añade que, aún cuando en el futuro se combinen el modelado matemático con la inteligencia artificial podrá ser “como un GPS para las relaciones”, pero aun así, “los modelos no les dicen a quién amar, sino que ayudan a explicar cómo evoluciona el amor y qué pueden hacer las parejas para protegerlo”.

“Las matemáticas pueden revelar patrones y ofrecer orientación –añade el investigador–, pero en última instancia el éxito de una relación depende de que ambas personas elijan, día a día, cultivar su conexión. Las ecuaciones pueden mostrar el camino, pero aun así, deben recorrerlo juntos”.

Epílogo de advertencias y limitaciones

“En última instancia, el éxito de una relación depende de que ambas personas elijan, día a día, cultivar su conexión”. Crédito: Archivo

Si bien los modelos matemáticos ofrecen información valiosa, los investigadores destacan varias limitaciones importantes.
La primera es que los modelos se basan sobre todo en patrones de relaciones en países occidentales, pero las razones del éxito y el fracaso en las relaciones varían enormemente según las culturas, las religiones, los niveles socioeconómicos y las generaciones.

Además destacan que el comportamiento humano es inherentemente impredecible e irracional. Los modelos predicen tendencias, no certezas. Las parejas pueden desafiar las predicciones matemáticas mediante el compromiso, la terapia o el crecimiento personal.

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